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domingo, 26 de agosto de 2018

lazos amarillos


El lazo amarillo, símbolo para la libertad de los políticos catalanes encarcelados, se va convirtiendo, cada vez más, en el estigma que marca a las personas: o eres de los míos, o vas contra mí.
En el mundo occidental, tan apegado a clasificar y "normalizar" los sentimientos y opiniones, ha sido tradicional el resaltar con una señal o símbolo externo, una opinión o sentimiento respecto de un acontecimiento: manos blancas frente a los terroristas, el símbolo femenino frente a los machistas, etc. Esto suele durar unos días, todo lo más alguna semana.
En cuanto la marca queda fija por meses o años, y, aún más, cuando esta marca se quiere imponer al resto de la sociedad, entonces estamos ante otro tipo de simbolismo: ya no sólo manifestar mi desacuerdo con el encarcelamiento de los políticos, sino que además quiero resaltar a aquellas personas que piensan como yo y, sobre todo, a los que no lo hacen. Así, hemos pasado de una manifestación puntual, a otra que se parece más a las que los nazis imponían a los judíos: hemos de ver claramente quiénes son de los nuestros y quiénes no lo son.
Precisamente una de las grandes conquistas de los tiempos, en occidente, ha sido el derecho a la intimidad, a la protección de mis datos o características que me identifican: nombre, DNI, religión, opinión política... Para algunos, como viene pasando durante todo el "procès", el fin justifica los medios, y, si para conseguirlo hemos de MARCAR, como corderos, a las personas, pues bien venido sea. Una muestra más del retroceso que todo este proceso está suponiendo en la sociedad catalana.
Joan Miquel Garcia
Agosto 2018

jueves, 14 de septiembre de 2017

el problema de Cataluña

Mucho se habla estos días del problema de España, que si no se adapta a los cambios, que si su estructura territorial, que si la inmovilidad del Gobierno...
Casi todos los intervinientes en el debate reparten culpas de la situación actual entre la Generalitat / Parlament de Catalunya y el Gobierno central, unos poniendo el acento en una de las partes, otros manteniendo una equidistancia...
Pero muy pocos inciden en el, a mi entender, gran problema de Catalunya, tras el 1-O. Porque, ¿es que van a cambiar las pretensiones nacionalistas de independencia, representadas por sus políticos?. Y si ello no es así, ¿Cómo van a aceptar/tragar la derrota que se les avecina?.
La pequeña historia de la democracia española se ha enfrentado a dos situaciones, al menos, tan desafiantes como la actual: el golpe de estado, y el terrorismo de ETA. Su solución, o disolución ha llegado, no porque el Estado haya cambiado de modos o de leyes, sino porque la firmeza constitucional ha convencido a los golpistas (y sus seguidores) por un lado, y a los nacionalistas radicales vascos (y toda su cohorte de simpatizantes, que no olvidemos era mayoritaria en Euskadi e incluso amplia en Europa) de que era imposible obtener sus objetivos.
Esto es así porque la fuerza democrática de la Constitución era tan abrumadora frente a sus pretensiones, que con el paso del tiempo se ha impuesto la razón en aquellos que aún dudaban.
Este es el problema de Cataluña: todo el universo creado alrededor del nacionalismo radical, ha de cambiar de discurso, so pena de provocar una fractura que, con el paso de los años, va a empobrecer el enorme capital social/económico/cultural que aún poseen los catalanes.
No se puede seguir indefinidamente con el España me roba, con la tergiversación de la historia, con el victimismo propio de sociedades acomplejadas, con la carencia, en definitiva, de asumir la modernidad, de asumir la responsabilidad de procurar un mundo mejor, sin complejos, sin ligaduras con el pasado.

Joan M. Garcia     septiembre 2017

domingo, 11 de junio de 2017

Pueblo oprimido

Pobrecitos, los oprimidos, hoy han vuelto a salir en la tele. Además, acompañados por líderes internacionales reconocidos por la defensa de los derechos humanos, como Guardiola. Sí, han leído bien, el ex-entrenador del Barça, del Bayern, ahora en Manchester. Parece un exiliado, reclamando la libertad para su pueblo. También Lluis Llach, antiguo combatiente antifranquista, aunque parece ser que más bien era anti españolista.
Si enumeramos uno a uno la lista de derechos humanos reconocida por la ONU u otros organismos internacionales, no acabamos de ver cuál es el que están pidiendo, pues parece que les falta alguno, por culpa del resto de los españoles, que no se los conceden.
Si entramos en detalle en el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro y forma de gobierno, sin injerencias extranjeras, leemos la carta de la ONU, y las emanadas de la misma para África, u otros continentes, y siempre incluye algún párrafo que habla de colonización, de explotación de recursos naturales... No parece que sea el caso.
Veamos desde otra perspectiva:  la región más próspera de un país, que habla un idioma propio, dirigida por unos políticos populistas (en la peor acepción del término -manipuladores de la opinión pública-), se proclama lesionada en sus derechos de libertad como pueblo y reclama independencia al Estado opresor. Encima, los políticos, en base a unas elecciones en las que les vota menos del 50 % de los electores, se atribuyen el poder de representantes nacionales de los oprimidos y, con excusas de demócratas, quieren perpetuarse en el poder.
Este tufo ya lo vivimos en el siglo XIX y sobre todo en el XX de forma generalmente catastrófica para los pueblos implicados.
En nuestro caso ¿quién tiene la legitimidad democrática?. Si aceptamos que las democracias representativas características de la Europa de posguerra, son el referente democrático, es la Constitución y las Leyes emanadas de los diferentes Parlamentos nacionales, redactadas por los representantes elegidos democráticamente, las que dirigen las normas de convivencia y de funcionamiento de los ciudadanos. Hay mecanismos y procedimientos para cambiar tanto las Leyes como la Constitución.
Atribuirse, como dicen los gobernante autonómicos catalanes, el poder para cambiar las Leyes o la Constitución, sin seguir dichos mecanismos, es, sencillamente, una irresponsabilidad en quien se supone que acepta las reglas del juego democrático. Es el típico partido (antes decían comunista, o nazi, ahora chavista) que gana unas elecciones, y ya se cree con el derecho de cambiar todas las leyes y las normas para perpetuarse en el poder o expulsar del mismo a quien no le interesa.
Seguramente si el mensaje del pueblo oprimido lo emitiera otra región española como Andalucía, o Extremadura, -las menos afortunadas, las más explotadas, las que han prestado mano de obra barata para que los catalanes y otros pueblos de España se enriquezcan- sería más comprendido por la comunidad internacional, que , en este caso, tan sólo ve una lucha de poder en la que los más ricos -los catalanes- quieren ser aún más ricos. Deprimente (más aún cuando un partido, que se proclama de izquierdas, es el motor de este proceso).



miércoles, 2 de diciembre de 2015

maldita coincidencia

Pensaban que eran puros, que no estaban contaminados, que la luz que todo lo ilumina era suficiente para desprenderse del pecado original, que el neonato sería como el paraíso, incluso mejor, tan sólo habitado por seres asexuados, sin serpientes.

Pero no. Unos anuncian el advenimiento de una república feminista, los otros mantienen a un líder de plastilina, los que más buscan el poder a cualquier precio.

Las palabras se pervierten, las ideas se retuercen, tan sólo el fin es lo importante, los medios están a su servicio, como las personas, como sus votos. Es una religión, y como todas, incompatible con la razón, con la modernidad.

Tras la euforia por los pingües resultados electorales, tras los fracasos por consensuar, se empieza a sentir la sensación de ridículo, y, lo que es peor, lo que nunca podían imaginar: son como los enemigos, como los españoles, UNOS CHAPUCEROS.


JMGP dic-2015

domingo, 1 de noviembre de 2015

DE COMPARSAS Y CANCIONES

DE COMPARSAS Y CANCIONES.

Yo también fui (y soy) un fan de Lluis Llach, de su música, de sus canciones. Encendí mi mechero cuando sonaba L’Estaca, mi piel, de gallina se ponía con La Gallineta… todos éramos sensibles al momento histórico, a los mensajes de sus textos.
También con Raimon he chillado Al Vent, y me he desgarrado la voz con Diguem No.
Entonces, ¿por qué ya no siento este odio al tirano, al opresor? Y más aún, ¿por qué tantos catalanes siguen con ello? ¿Y por qué tantos jóvenes?
Los primeros, aún no son capaces de distinguir una dictadura real, como la de Franco, de un estado moderno, europeo y democrático. Los segundos, porque no han conocido la esclavitud, la pobreza, la dictadura. A todos ellos les une la fuerza más poderosa del siglo XX: el fanatismo, la sinrazón. (no digo la lengua -el catalán- pues no se merece este desprecio) También fue la fuerza, obvia decirlo, más destructiva.
Cuando en una sociedad, en escasos tres años, pasa de haber un 20-25 % de apoyo a la independencia, a un 45-50%, algo falla, hay algo sociológicamente disfuncional: o son inmaduros, o son borregos (o una mezcla de los dos).
Qué lástima me dan ahora, y, lo que peor me sabe, lo que realmente me han fastidiado, es que cuando vuelvo a escuchar a mis ídolos de juventud, ya no me suenan lo mismo.
(pd. no menciono la hipótesis facilona de las luchas de poder, de las élites que pugnan por él, pues ello reduce aún más el papel de comparsa a que está sometido el pueblo catalano-independentista).

Joan M. Garcia.
Dia de Tots Sants 2015.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Catalanes caralsol

He de confesar que siempre me cayeron bien. Veía TV3 y me parecía estar en Europa, con gente civilizada que discutía sin chillar, sin ofender. Paseaba por Barcelona y como en París, tan cosmopolita. Soy valenciano que habla catalán, que siempre tuvo simpatía con los países catalanes. Creí en las autonomías, en los poderes cercanos al pueblo, hasta que me di cuenta que los de mi Ayuntamiento me roban con sus impuesto infinitos, los de la Generalitat también me roban con sus corruptelas sin fin, los de Madrid otro tanto, con sus leyes que amparan a los ladrones. Mi esperanza política se va acotando: regeneración democrática en España, y más integración en Europa.
Por todo ello, no puedo comprender a las masas exaltadas, las que desfilan con banderas, a los líderes iluminados que utilizan el poder para aún exaltarlas más, como si la experiencia del último sigo en Europa no hubiera servido de nada: los totalitarismos siempre se han alzado sobre un pueblo en crisis, buscando un enemigo fácil (el zar, el capital, el judío), en este caso España, el ser español. ¿Acaso piensan que sus políticos les van a llevar a la Arcadia, al Paraíso?.
Ahora me dan lástima, tan aborregados. Siempre admiré el orgullo del amor a la tierra, a lo propio, en los andaluces, en los gallegos, en los franceses, en cualquier pueblo... Pero, cuando este orgullo se transforma en soberbia, ya no es amor por lo propio, es odio hacia lo diferente. Y en estas estamos: un pueblo adoctrinado que sigue a unos líderes iluminados e irresponsables: un coctel explosivo, que, de mirar hacia atrás, ya sabemos cuánto dolor ha de causar.

Joan Miquel Garcia

Oliva, 6 de noviembre de 2014

sábado, 21 de junio de 2014

El otro discurso de Felipe VI

En ese marco de esperanza quiero afirmar, como Rey, mi absoluta convicción de que la unidad de España está caducada, en la actual forma de convivencia. Son las Españas, con sus diferentes naciones, aquellas que la historia forjó durante siglos, las verdaderas protagonistas de nuestro futuro.

Señoras y Señores diputadas/os y senadoras/es: pido perdón por la miopía histórica de la estirpe de los borbones, que, desde su llegada a la corona de España, nunca ha sabido entender la forma de relacionarse entre sus diferentes partes. Hemos tratado de imponer la igualdad, mejor dicho, el sometimiento centralista a todos los pueblos, incluido el de Castilla. En el siglo XXI hay que mirar al pasado, que es fuente de enseñanzas: la tradición confederal de la Corona de Aragón, el sometimiento de los Reyes de Castilla a sus Cortes, los fueros que perduraron hasta el S XVIII, respetando la volutad legisladora y las costumbres de las diferentes nacionalidades, son, entre otros, fuente de enseñanzas.

Miro a la historia también, y en ella me inspiro para ser el Rey de todas/os las/os españolas/es, de todas la Españas: ofrezco la mano de mi hija Leonor al hijo predilecto de Cataluña (sea de Convergència o de Esquerra), que será elegido por su soberano Parlament. Ofrezco la mano de mi hija Sofia, a la del emeniente vascón elegido por su Parlamento. Instaré a las autoridades del Gobierno, a que promuevan la modificación necesaria en la Constitución Española, para que, en un futuro, cambie a Reino de Las Españas, y que la forma de reinado sea, al modo de la corona de Aragón, compartida e itinerante. Asimismo animo a mi esposa y Reina de España, a que procreemos sin cesar, pues también los gallegos son nación, y quién sabe, si algún día valencianos, murcianos, aragoneses, leoneses, navarros y tantos otros pueblos, merecen tal rango por sus hechos y lealtad a Las Españas.

Viva ESPAÑA. Visca CATALUNYA. Gora EUSKADI. Viva Galízia.

Joan Miquel

domingo, 5 de enero de 2014

Nacionalismo, Xenofobia, Referéndum.

Nacionalismo, Xenofobia, Referéndum. Esta crisis (una más en la Historia) nos vuelve a mostrar la cara oscura del género humano: cuando se derrumban los fundamentos sociales, buscamos el enemigo que altera nuestro “bienestar”. Europa es un libro abierto. En los países ricos regresa la xenofobia: ahí está Francia expulsando gitanos, Alemania y Holanda restringiendo su entrada, Inglaterra también. Los neo nacionalismos están en alza: contra Europa, contra España. Curiosamente, son los países pobres los que buscan la integración: Rumanía, Hungría, Lituania... son los más pro europeos. Cuanto más rico, más conservador: no quieres que nadie ni nada (ninguna persona ajena a tu “raza”, ningún estado u organización diferente a la tuya) te quite lo que tienes (conseguido, claro está, con la mano de obra barata de aquellos que ahora rechazas). Si Marx levantara la cabeza...¡vería el mundo del revés!. Un partido que se denomina de izquierdas (Esquerra Republicana), junto a uno de derechas (Convergencia i Unió) luchando juntos por el más nefasto de los objetivos políticos: la exclusión, la separación. Al fin y al cabo, las guerras siempre han unido al pueblo (todo) contra el enemigo. El único referéndum que hoy en día valdría la pena, en Cataluña, en España y en Europa sería el que preguntara si abolir definitivamente las fronteras para crear un espacio europeo de libertad, democracia, justicia y solidaridad. ¿Quién obtendría más votos: Cataluña o Europa?. Joan Miquel Garcia Oliva, 5 de enero de 2014